Seamos realistas, creamos lo imposible

La palabra “equipaje” es perfecta: significa “equipo para el viaje”, aquello que necesitamos para llegar a otro sitio. Transitar por la vida, como definía el gran Antonio Machado “ligeros de equipaje”, nos hace ganar ligereza y libertad.

Hay ocasiones en las que no puede ser así. Acarrear equipajes de otros, cuando se aceptan desde la responsabilidad y la bondad, siempre nos hace humanamente más fuertes.

Cosa bien distinta es cuando tenemos que aguantar estupideces, errores e incluso abusos de otros. Cuando el peso de lo ajeno nos frena, a veces nos detiene e incluso en ocasiones nos desestabiliza hasta hacernos caer.

Bastante cuesta recorrer la vida con nuestros propios pesos para además tener que aguantar los ajenos que no nos aportan ninguna compensación moral ni material.

El buen viaje en compañía sólo es posible cuando se aceptan intercambios y responsabilidades compartidas. Se puede soportar el equipaje ajeno, y a la recíproca, cuando cada parte aporta a la otra algo que le compensa. Así se construyen las parejas y las relaciones. Cuando eso no ocurre, después del cansancio surge el desinterés, que es el preámbulo de la ruptura.

Esas pesadas maletas, etiquetadas a destinos que no interesan lo más mínimo, o aquellas que al abrirlas descubres que están vacías, nada sirven para ese viaje que es la vida. Cuando antes te las sacas de encima, más trascendencia y vuelo alcanza tu libertad.

Lo que hay que aguantar. (Ángela Becerra).