Es cosa extraña que dos seres puedan quedar unidos por una cadena para toda la vida y, sin embargo, que no se echen de menos, que no se busquen, que permanezcan extraños el uno del otro, ¡que ni siquiera se conozcan! La cadena que me ata a aquella dulce niña no se ha roto, pero el hilo se ha cortado. No somos más que sombras. Los hombres son al espacio lo que las horas al tiempo. Cuando han sonado se desvanecen. Estuvimos unidos en aquel tiempo y quizás aún lo estemos, y hay una abismo entre nosotros. La memoria, ese puente hacia el pasado, ha quedado rota entre ambos. Ella no reconocería mi rostro ni yo el sonido de su voz. Ella ya no sabe mi nombre, ni yo sé el suyo”.
“
| — | Víctor Hugo. |